LOS AVIONES NO SALUDAN

Una producción de Beatriz Alonso Aranzábal (España, ficción, HD, 7 min, color, 2007)

 

ALGUNOS COMENTARIOS

 
 
El avion abriendo una grieta en el cielo azul y una esperanza en el alma de Pruden.
  (Harpa)

Muy logrado: tiene las dosis justas de humor, seriedad y ternura. (Luis Pérez Ortiz)

Muy bueno, duro y poético, como la vida (Antonio)

Has sabido contar tu historia en breve tiempo y además has contado con una excelente actriz desde que hizo aquella de FURTIVOS en un papel inolvidable. Tambien el resto sabe cumplir. Repito enhorabuena. (Ángel)

Me gustan tanto las historias cercanas, son las que realmente me llenan. Me gustan los actores, la música arropa mucho y la estética, los colores. (Ana Nieto)

Bonito, sencillo... muy corto, apetece mas (Soraya)

Es un corto lleno de sensibilidad, soledad y poesía (Rosa Osuna)

Me ha sorprendido gratamente, es del tipo de historias que me gustan: las que, una vez las has visto (o te las han contado, las has leido, etc), disfrutas dándoles mil vueltas, tratando de extraer cada detalle, cada intención... (María Zum)

Me ha encantado. Es un cuento y un poema a la vez. Pruden está soberbia (Juan Rojo)

Me encantó el colorido, el detalle del agua rezumando de las macetas y eso de estar Pruden siempre al otro lado (de la ventana, de la puerta...)  (Darinto)

Me ha gustado mucho tu corto, cómo consigues que la identificación del espectador se realice con los personajes que han perdido la cordura, en esa búsqueda del amor a través de la imaginación, en esa frustración cotidiana tan bien representada en la imagen del avión que pasa de largo. (Ana A.F.)

Me conmueve la mirada tan sensible sobre lo humano, trata el tema la fragilidad con inmensa delicadeza. (Tania de Souza)

Me ha impresionado enormemente. Saca a la luz y a los ojos de los demás ese trabajo silencioso y por otro lado, la profunda humanidad de los personajes. (Juan Bautista Morán)

 

 

DIARIO DE RODAJE

 

CORTÍSIMO METRAJE (bis)

   Nos hemos quedado cortas con las croquetas, me dice Raquel. Y entonces comprendo que ser ayudante de producción no sólo supone buscar bayetas, desmontar estanterías, esconder papeleras o pedir a los transeúntes que no pasen por delante de la cámara. Ser ayudante de producción supone saber calcular las croquetas. Es decir, ser un poco madre. Y si algo necesitaba el equipo de Los aviones no saludan era una madre, o incluso dos; un matriarcado que justificara ese extraño vínculo familiar, aquel que une a varios desconocidos en un utilitario que los lleva a un centro de salud mental de Getafe en pleno día festivo. Aquel que les hace regalar ilusión, talento, habilidades para rodar una historia de esas que, de tan reales, parecen mentira. Por eso no importa madrugar, ni repetir una escena porque del café no salga humo, ni repetirla otra vez porque tanto hemos calentado el café que el actor se ha quemado los dedos. Lo que importa es avanzar. Avanzar hasta que una voz nos mire a todos —hay voces que miran, lo mismo que hay ojos que hablan bajito— y nos diga Vale, me gusta.

 

   Y ahora toca desplazarse a la siguiente localización, decidir con qué pliegues caerá la toalla naranja, de qué lado hará la luz que unas lágrimas lo llenen todo de sombra. Se ensayará la posición de los actores, la situación de la jirafa, los gestos recogidos en plano y contraplano. Se oirán frases en voz alta y otras, vitales, entre susurros. Alguien pedirá una bombilla, un trapo, silencio. Se encenderá un piloto que nos tendrá en vilo, no tanto por lo que atrape el visor sino por lo que quede fuera de sus márgenes (latidos, tobillos, recuerdos). Y con una nueva orden olvidaremos lo real hasta pasar la página del guión como la pasan los niños: sabiendo que algún día volveremos a ella.

MARÍA DE MIGUEL

 

 

 

 

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(c) Beatriz Alonso Aranzábal, 2007